Casa vacía
Ahora mi casa está vacía
vacía
vacía sí, vacía
está mi casa.
Ni sombras ni huellas
ni huellas ni pasos
silencio solo silencio sordo
bostezo oscuro de la nada.
Oquedad de ausencia.
Desnudez de la partida.
Abandonada ¡oh abandonada!
Vacía te he dejado
casa vientre, casa amparo
casa resuello y latido
casa de todas mis casas.
---------------------------------
Hoy el viento te urge
con fúnebres zumbidos
con hojas muertas secas
con salitre amargo
con redes, bulbos, nudos, nidos
de escuálidos insectos.
En el hogar, montículo de ceniza,
humedecida y negra.
En el jardín, hierbajos y cardales.
En los muros, hiedra sobre hiedra,
esporas crispadas del invierno.
En el portal, polvorientos remolinos de desechos.
Sucia, triste, amarga y sola
vacía
sí,vacía está mi casa.
* (1999)
Poesía suelta
viernes, 12 de agosto de 2011
Poesía suelta
Casa
Eran en ti mis días
todos los días una fiesta,
casa lumbre, axial tu luz,
constelada en mi cielo
como una espera
un abrazo
un remanso.
Casa que fuiste mi casa,
Teñida de ocres, esplendor de tu otoño,
o fragor de tu fronda en el verano.
Casa de ardidos recuerdos, cueva, nido, madriguera
palacio
y a veces tierra de batalla
y tierra de soledades
y puerto de todas las penurias
y atracadero de la sangre.
Y
también amenazante laberinto
recoveco del miedo y los rencores.
¿Qué no vivió, qué en ti no murió
casa árbol, casa fuego?
En ti todo era hondura
A ti todo volvía.
Toda de mí te nutrías
Toda de ti me vivía.
1999
Eran en ti mis días
todos los días una fiesta,
casa lumbre, axial tu luz,
constelada en mi cielo
como una espera
un abrazo
un remanso.
Casa que fuiste mi casa,
Teñida de ocres, esplendor de tu otoño,
o fragor de tu fronda en el verano.
Casa de ardidos recuerdos, cueva, nido, madriguera
palacio
y a veces tierra de batalla
y tierra de soledades
y puerto de todas las penurias
y atracadero de la sangre.
Y
también amenazante laberinto
recoveco del miedo y los rencores.
¿Qué no vivió, qué en ti no murió
casa árbol, casa fuego?
En ti todo era hondura
A ti todo volvía.
Toda de mí te nutrías
Toda de ti me vivía.
1999
En torno a una poeta
Cómo estará hoy, esta mañana tormentosa,de lluvias feroces, de breves calmas seguidas de cielo oscuro, de amenazas de granizo, puro destemple, mañana inhóspita, cómo estará digo, la señora poeta tan anciana que espera con ansiedad el fin? No tiene interés más que en eso, me decía ayer. Ella, ya se ha retirado de todo, reitera. Se va yendo, en libros, en papeles, en memoria. El olvido, cierta confusión de tiempos, lagunas e imprecisiones, frases inconclusas, y la tropezante memoria que se intercala en el diálogo y lo empantana, como un mecanismo que se atranca, rebelde, sin dejar avanzar. Qué molestia los quiebres de los nombres, de los lugares, qué molestia la fuga de la palabra, cada vez más frecuente. Pero lo nota, la cansa y desgana. ¿Cómo no? Está lúcida la anciana poeta que tanto ha querido y podido, manejar en años atrás.
Ahora no; se deja, se tiene que dejar, manejar por la voluntad de los otros,(o de la otra, una educada mujer de provincias que la acompaña), no la propia. Ella, que recibe a quien se anuncie, en esa casa señorial y solemne que habita desde que nació, hace ya casi 90 años,sentada y rodeada, ante la lámpara, de libros. Los suyos. Para regalar al visitante, dedicados con su fina letra manuscrita. Para donar, otros, apilados. Salvo uno, que escribió sobre un poeta local muy destacado, los otros hablan de ella, de esta anciana señora cuando todavía no lo era tanto, de sus anhelos, soledades, penas, interrogantes. De su cuerpo también, del amor, supongo. No he leído todos. Su tema, entonces, ha sido y es siempre, ella misma. Es completa y full time, autorreferencial. Y si antes hablaba mucho de sus libros -tema que no ha abandonado-, en estos días prefiere el de su muerte debida. Que esto no haya sucedido hasta ahora, el morirse dignamente,la tiene muy sorprendida y disgustada. Con el destino y con ella misma, porque se falló. Es que había pensado -me confesaba sin dramatizar- que se suicidaría antes de llegar a estas alturas de vejez. Y resulta que ha descubierto que no tuvo el valor. La consecuencia de esa cobardía es esta prolongación inútil, incomóda, sin sentido, dice, de estos días largamente octogenarios.Y debe sentirlo así, con intensidad, estoy segura.
Primero, porque ya no recibe halagos, ni nadie se prosterna ante ella, ni la celebran o festejan en actos o reuniones literarias. Segundo, porque no puede ya impresionar a nadie en la intimidad de su casa museo, donde acudían poetas nóveles a recibir su bendición de papisa de la ciudad, ansiosos de reconocimiento. Cada vez son menos los que la visitan o los que reúne alrededor de la oval mesa Chippendale para leer poesías propias o ajenas, servir el té, dictaminar gustos y rechazos (de todo, no únicamente literarios; sociales y políticos y religiosos, ella llevaba la voz autorizada desde la cabecera). Y tercero, porque muchos y muchas -mejor muchas- de los habituales asistentes, ya se han prudentemente muerto, o están tan duros de rodillas que no podrían subir los treinta y cinco escalones que llevan a la puerta de la madre de todos los poetas. Tampoco ella los puede bajar.
De modo que se ha quedado -y cada vez más sola y para siempre, hasta el día tan deseado de su muerte-, arriba, en la casa donde nació, presa casi, en el centro geográfico de la ciudad, a pocos metros de la piedra fundacional, de la Catedral neogótica; a espaldas del gran Palacio municipal, de frente al Teatro Argentino de trágico pasado. Allí está, en lo alto de una casa que ha sido por décadas el puerto de amarre de poetas y poetastros, bohemios, formales y despistados, la mujer anciana, señora que fue muy alta y de gallarda figura, a la espera.
¿Cómo estará, en este día de lluvia interminable, gris y monótono y vacío? A la espera, sola y a la espera. Dios la libre.leo_escribo_jardineo.blogspot.com
domingo, 7 de agosto de 2011
Nocturno de porcelana de Poesías de canto y cuento
Nocturno de porcelana
Las tazas de porcelana muy calladitas están
Esperan que sea de noche
Para salir a pasear.
Ya todos se han acostado, sólo hay luz en el zaguán.
La gata muy somnolienta
Ronronea en el sofá.
Las cucharitas en fila, esperan sin respirar:
Silenciosas en los platos
De porcelana oriental.
El espejo de la sala al rato las ve pasar,
Cada taza con su plato
Y la tetera detrás.
Don espejo, sorprendido,
Así las va a retar:
-¿A dónde van, señoritas, a dónde creen que irán?
No es la noche para ustedes
Deben ir a descansar.
¡Vuelvan, vuelvan en seguida, guárdense en su armario ya!
Si las ven andando solas
Embrujadas las creerán-.
Le contestó la tetera (señora de gran papada
Sombrero su curva tapa
Y con voz bien aflautada):
-No se alarme Don Espejo ni nos quiera usted asustar:
Hoy iremos a un paseo
¡ que un hada nos invitó a dar!
Ella entró por la ventana ¿usted no la vio pasar?
Su varita abrió el armario
Y cantó en la oscuridad:
¡-Salgan las bellas tacitas, miren la Luna brillar-!
-Candorosas señoritas que así hechizadas andáis
No fue un hada, fue una bruja-,
Don Espejo va a explicar:
-La bruja bruja brujosa, la bruja Mentiramás
Que en las noches silenciosas
Hace de hada con disfraz
Y a vajillas y cubiertos, platería, bronce y cristal
Los invita con engaños
Para reír con su mal:
Reírse de cachaduras, asas rotas, pies quebrados,
Teteras con tapa ajena,
Cubiertos desparejados-.
Mientras habla Don Espejo, un salto la gata da
Como si una pesadilla,
Pica pulga y pica más,
O una bruja maligna la hubiera hecho brincar,
Del sofá a la alfombra persa
Y de la alfombra al sofá.
El desfile de las tazas, del susto se vuelve atrás.
Unas y otras se atropellan,
Unas caen, otras se quiebran,
Maltrechas y temerosas van llegando a los estantes,
Mientras la tetera ordena
Que nadie más se levante.
La gata vuelve a dormirse muy cómoda en el sofá.
En silencio y sin desfile
Espejo va a descansar.
Un vientecillo ligero muy bajo soplando va
Montada lleva en el lomo
Una pulga bien audaz.
La pulga agita una escoba que el aire cortando va:
Mentiramás cabalgando
Se escapa por el zaguán.
* Ilustrado por Gabriela Herrera
viernes, 5 de agosto de 2011
Inviernos
El frío de los árboles rijosos
de la hierba mustia y agrisada.
Pájaros de silencio
eleva el aire
tras un vitral de hielo esclarecido.
El frío,
el frío que despeja
y desampara.
de la hierba mustia y agrisada.
Pájaros de silencio
eleva el aire
tras un vitral de hielo esclarecido.
El frío,
el frío que despeja
y desampara.
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